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Reflexiones sobre el 3D cinematográfico

Confieso que Avatar (Cameron, 2009) es la primera cinta que veo en 3-D. Si bien la trama se compone de un montón de lugares comunes ordenados de forma efectiva, desde la perspectiva técnica quedé maravillado. No soy de esos tecnopijos que alaban cualquier avance, pero la tercera dimensión supone un gran salto para la cinematografía. “¿No sería genial que pudiéramos ver siempre en 3D?”, leí hace poco en un comentario de Twitter. Y es que cualquiera que haya visto una cinta en el formato compartirá esta idea conmigo: la experiencia sensorial del tres-dé en el cine poco tiene que ver con nuestra perspectiva cotidiana.

El 3D fílmico es un excelente ejemplo del realismo instrumental. De acuerdo con el filósofo Don Ihde, los instrumentos (en este caso, los lentes) extienden de forma gradual nuestra percepción, añadiéndole dimensiones de la realidad que no son captables con la vista desnuda. Y es que, como bien menciona el autor, “si nuestras tecnologías fueran sólo para replicar nuesta experiencia corporal inmediata, serían de poca utilidad, y ultimadamente, de poco interés.” El deseo de ver a través del instrumento radica en esta potencia añadida.

Verán, si el 3D sólo se dedicara a darle relieve a las cintas de forma que se asemejen a la forma en que percibimos la realidad, estaríamos restando más de lo que sumamos. Despues de todo, el nuevo formato encuentra a otro instrumento – la cámara de video – cuyo uso es tan extendido que ha desarrollado un lenguaje propio. ¿Cuál es el resultado de esta combinación? Una percepción en tercera dimensión falsa en realidad, pero realista. Yo no puedo, por ejemplo, tener un enfoque selectivo en mi percepción desnuda; mientras que los tiros de cámara combinados con el 3D sí me lo permiten.

Al respecto, mi amiga Becky Santoyo me comentaba sobre la decisión del director de darle mayor peso a algunas escenas con tal de hacer lucir más el efecto. Es lógico. Nos encontramos en la primera fase tecnológica, la de la fascinación. No hay que olvidar que el cine, en sus etapas más tempranas, inició con una fijación por capturar el movimiento, antes de desarrollar su propio lenguaje. Es normal, por tanto, esperar el boom de adaptaciones al 3D de nuestros clásicos favoritos, o la creación de cintas cuyo lucimiento estético sacrifique un poco la inteligencia de los guiones. Y entonces sí, llegará el verdadero cambio: directores nativos del 3D, cuyo afán trascienda el embobamiento y experimenten con la herramienta para desarrollar una narrativa propia. Hasta entonces, sigamos maravillándonos esos elementos que nos flotan justo enfrente de nuestras narices.

Si nuestras tecnologías fueran sólo para replicar nuesta experiencia corporal inmediata, serían de poca utilidad, y ultimadamente, de poco interés
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  1. Maho
    29 diciembre 2009 en 13:49

    Me encanto el post mi querido Pepe, y sí, es toda una experiencia. Esta es mi cuarta pelicula en 3D y a mi parecer estuvo leve el efecto 3D, por ejemplo Caroline, hizo que me doliera la cabeza y los Fantasmas de Scrooge tuvo mas realismo. Pero en fin, veamos hacia donde nos lleva la tecnología y como buenos cinéfilos disfrutemosla.

  1. 20 septiembre 2014 en 4:29
  2. 26 septiembre 2014 en 12:41
  3. 26 septiembre 2014 en 18:54
  4. 26 septiembre 2014 en 19:17
  5. 27 septiembre 2014 en 2:18

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